El Señor De Las Flores

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$ 7,500.00
Precio de oferta  $ 7,500.00 Precio habitual  $ 8,500.00
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El Señor De Las Flores

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Hay guardianes que no custodian una puerta hecha de piedra, sino el umbral entre un estado de conciencia y otro. Su presencia no anuncia una llegada, sino una transformación: el momento en que un ser ha atravesado un nivel de existencia y se prepara para comprender aquello que se encuentra más allá.

Este artefacto presenta el rostro de un ser enigmático, tallado sobre una superficie de tonos marfil y ocres, recorrida por marcas que parecen conservar las huellas de un lenguaje simbólico. Sus ojos alargados, las mejillas circulares y las líneas que enmarcan su rostro le otorgan una expresión serena, casi inmóvil, como si su mirada permaneciera dirigida hacia un lugar que no pertenece del todo al mundo visible.

Sobre su frente destaca una esfera azul turquesa. Es pequeña en comparación con el rostro que la sostiene, pero su color la convierte en el punto hacia el que inevitablemente se dirige la mirada. Bajo ella, los círculos concéntricos y las líneas escalonadas forman una estructura que parece rodear y proteger algo esencial. No es solamente un adorno sobre su cabeza: dentro de la narrativa de esta pieza, es una señal de su vínculo con el agua y con el portal que custodia.

Durante la canalización de Irving Carranco, el artefacto revela su identidad: es un guardián acuático del segundo nivel.

El mensaje recibido describe un recorrido compuesto por portales, escaleras y guardianes. Cada nivel representa una etapa de conciencia; cada escalera conduce hacia una apertura distinta. En este recorrido, el ser ya ha atravesado la conciencia de la tierra y la conciencia del agua, y ahora permanece en un punto desde el cual continúa aclarando su propia conciencia para resguardar una frecuencia, una vibración.

Su rostro parece adquirir una nueva dimensión a la luz de estas palabras. Las líneas que ascienden por su frente evocan una estructura organizada alrededor de un centro, mientras que las formas circulares de sus mejillas son interpretadas durante la canalización como esferas. Todo parece participar de una misma arquitectura: una estructura que permite el tránsito, protege el acceso y acompaña el paso hacia otro estado de percepción.

La esfera azul representa su estado líquido. No aparece como un elemento aislado, sino como la expresión de una identidad vinculada con el agua. En el universo simbólico de este guardián, el agua es también un estado de conciencia que se atraviesa y se comprende. La tierra constituye una etapa anterior de su recorrido; el agua, el nivel que ha logrado cruzar. Y entre ambos permanece el umbral que ahora resguarda.

El artefacto también presenta una figura floral que forma parte de su iconografía. Sus líneas recuerdan la apertura de una flor, con pétalos que parecen desplegarse alrededor de un centro. Durante la canalización, Irving relaciona esta figura con el agua y con la imagen de una flor de loto. La flor deja entonces de ser un motivo decorativo para convertirse en una expresión de la naturaleza de este ser.

Es aquí donde el guardián revela algo inesperado. A pesar de su función de custodiar portales y resguardar una frecuencia, su mensaje no está centrado en el poder ni en el dominio. Su identidad se expresa a través del amor y de las flores.

«Yo soy un ser de amor, soy el señor de las flores».

La frase transforma la imagen que tenemos ante nosotros. El rostro, la estructura que corona su cabeza, las esferas y los pétalos comienzan a formar parte de una misma historia: la de un ser que ha atravesado distintos niveles de conciencia y que ahora protege aquello que ha aprendido a reconocer.

Las flores representan, dentro de esta narrativa, una expresión esencial de su naturaleza. El guardián no se define únicamente por el portal que resguarda, sino por la frecuencia que busca preservar. Su casco simboliza la estructura necesaria para abrir los portales; las escaleras representan el ascenso hacia una conciencia más amplia; la esfera azul lo vincula con el agua, y la flor revela la dimensión amorosa de su identidad.

Todo parece regresar al mismo principio: para atravesar un portal no basta con llegar hasta él. Es necesario recorrer el camino que conduce a su apertura, comprender el nivel en el que uno se encuentra y estar preparado para sostener aquello que espera al otro lado.

El segundo nivel no es simplemente una posición dentro de una secuencia. Es el punto en el que este guardián reconoce el recorrido que ha realizado y asume la tarea de custodiar una frecuencia cada vez más clara. Su presencia representa ese instante de transición en el que el aprendizaje se convierte en responsabilidad y la conciencia, en aquello que debe resguardarse.

Contemplar este artefacto es encontrarse con la imagen de un guardián que une dos dimensiones aparentemente distintas: la solemnidad de quien custodia un portal y la sensibilidad de quien se reconoce como señor de las flores. En él, la protección y el amor no se contradicen; forman parte de una misma identidad.

Quizá su enseñanza más profunda se encuentre precisamente allí: la evolución de la conciencia no consiste únicamente en ascender hacia otros niveles, sino también en reconocer qué llevamos con nosotros durante el camino. Porque incluso quien custodia un portal conserva una naturaleza propia, una esencia que no desaparece al atravesar nuevos umbrales.

Y en este guardián, esa esencia tiene un nombre: amor.

El Guardián Acuático permanece como un símbolo de transición, apertura y transformación interior. Una pieza para quien encuentra en los portales una metáfora del conocimiento, en el agua una imagen de la conciencia y en las flores un recordatorio de que toda evolución puede conservar la ternura de su origen.

Especificaciones 

ALTO 8.5 CM
ANCHO 6 CM
ESPESOR 5 CM
PESO 352 G

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