Dije Conexion Acuatica

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$ 9,900.00
Precio de oferta  $ 9,900.00 Precio habitual  $ 10,500.00
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Hay ojos que observan el mundo y hay otros que, dentro de los misterios de ARCANUM, parecen recordarnos que nunca hemos estado separados de aquello que contemplamos.

Sobre una superficie ovalada, el azul turquesa se extiende como un océano detenido en el tiempo. Sus grietas, sus matices y las líneas oscuras que recorren el contorno parecen dibujar un lenguaje que se despliega alrededor de un centro luminoso. Allí, en el corazón de la pieza, descansa un círculo pálido rodeado por anillos concéntricos, como si toda la geometría convergiera en un único punto de conexión: el ojo.

Al contemplarlo, surge la imagen de una conciencia que no permanece inmóvil, sino que se abre, atraviesa ciclos y reconoce su lugar dentro de una red mucho más extensa de la que alcanza a percibir.

Durante la canalización de este artefacto, Irving Carranco recibe una visión que comienza con una escena grabada en su reverso: tres seres alrededor de una figura tendida. Dos de ellos acompañan a un tercero durante un proceso de transición. La figura acostada, explica el mensaje recibido, no representa el final de una existencia, sino un traje, una forma física utilizada temporalmente por aquel ser durante su experiencia en la Tierra.

La escena adquiere entonces otro significado. Aquello que a primera vista podría parecer un ritual se convierte en la representación de un tránsito entre estados de existencia; una imagen de acompañamiento, retorno y reconocimiento. Los tres seres parecen custodiar el momento en que uno de ellos se prepara para regresar a un estado más ligero, descrito durante la canalización como un estado líquido de alta conciencia.

Y es precisamente allí donde el azul de la pieza comienza a revelar su lugar dentro de la historia.

Según el mensaje recibido por Irving, el ojo azul representa un estado de conciencia del que estos seres afirman provenir. El agua aparece como una referencia a una condición más ligera que la materia terrestre, mientras que el azul expresa el estado en el que reconocen su propia naturaleza. La tonalidad que domina el anverso deja de ser solamente un rasgo visual y se convierte en el hilo que une ambas caras del artefacto: por un lado, la escena del tránsito; por el otro, el ojo que simboliza el estado de conciencia al que ese tránsito conduce.

El centro circular parece guardar el secreto de esa conexión. Rodeado por una estructura que recuerda un iris y una red de líneas, evoca un punto desde el cual la conciencia puede contemplarse a sí misma y reconocerse en otra. Irving recibe una frase que atraviesa toda la narrativa de la pieza: como es arriba, es abajo.

Para que exista una conexión, explica el mensaje, debe haber un ojo dentro de ti que se encuentre con otro ojo que está arriba; aunque, en una comprensión más profunda, ese otro ojo no está limitado a un lugar, porque está en todas partes. Cada conciencia se conecta con otras y, al hacerlo, forma una red interespacial que trasciende la percepción individual.

El ojo deja de ser entonces una imagen aislada. Se convierte en un símbolo de reconocimiento mutuo: una conciencia que encuentra a otra, una presencia que descubre que forma parte de algo mayor. Las líneas y los signos que rodean el azul parecen acompañar esa idea, como si cada símbolo perteneciera a una secuencia de movimientos que conduce hacia una percepción cada vez más amplia.

En la canalización, estos signos son descritos como ciclos. Irving recibe la comparación con lo que conocemos como ciclo circadiano, aunque el mensaje señala que se trata de un ciclo diferente, en el que cada etapa corresponde a una actividad y a una transformación particular. La luz no permanece estática; se mueve, cambia y abre nuevas posibilidades de percepción.

Para alcanzar aquella luz azul, explica el mensaje, es necesario atravesar esos ciclos. Con cada uno, el ojo se abre un poco más y la conciencia se expande. La geometría que rodea el centro puede contemplarse así como una representación de ese proceso: un recorrido de transformación en el que cada etapa prepara el reconocimiento de la siguiente.

Y en medio de todos esos movimientos permanece una idea esencial: «Somos el gran espíritu y somos muchos».

La frase transforma el sentido del artefacto. El ojo no representa únicamente a quien observa, sino también aquello que conecta a todos los que observan. La individualidad deja de ser una frontera absoluta y se convierte en una expresión de una conciencia más amplia, multiplicada en innumerables formas de existencia.

Quizá por eso el centro de esta pieza no parece un punto final, sino un lugar de encuentro. Todo converge en él, pero al mismo tiempo todo parece expandirse desde allí. El azul, los ciclos, las figuras del reverso y los símbolos que recorren su superficie construyen una misma historia: la del ser que atraviesa distintas experiencias, reconoce su propia conciencia y descubre que nunca ha estado completamente separado del conjunto.

El Ojo Azul permanece como una invitación a contemplar nuestra existencia desde otra perspectiva. A preguntarnos qué somos más allá de la forma que habitamos, qué conexiones permanecen invisibles ante nuestros sentidos y qué significa reconocernos como parte de una conciencia que, en esta narrativa, es una y muchas al mismo tiempo.

Porque quizá mirar de verdad no consiste solamente en abrir los ojos, sino en descubrir la red de conciencia que nos une con todo aquello que existe.

Una pieza para quien encuentra en los misterios del universo un camino hacia el conocimiento de sí mismo, y en el símbolo del ojo un recordatorio de que toda conexión comienza con el reconocimiento.

Especificaciones

ALTO 15 CM
ANCHO 11 CM
ESPESOR 1 CM
PESO 274 G

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