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La guardiana de los portales dorados

«Yo soy y reconozco lo que soy»

En algún lugar entre el mundo físico y el espiritual existe una conciencia cuya misión es custodiar aquello que le ha sido encomendado. No es simplemente una guardiana: es el vínculo entre dos realidades, una presencia que reconoce su propia esencia y que ha aprendido a manifestarse a través del amor.

Esta pieza nos presenta una representación singular. En una de sus caras encontramos un rostro dividido en dos naturalezas. Por un lado, un ojo dorado que parece representar la pureza de su alma; por el otro, una figura de tonalidades doradas y oscuras que evoca su manifestación espiritual. En la parte superior aparecen diferentes símbolos geométricos, mientras que a los costados destacan dos círculos verdosos que parecen acompañar la composición.

Al observar la otra cara, descubrimos una figura de apariencia no humana, sentada en posición de meditación, con sus manos unidas frente al pecho. A su alrededor aparecen elementos que parecen representar diferentes manifestaciones de su conciencia y su conexión con otros planos.

Durante la canalización, Irving recibió un mensaje en primera persona, como si la propia guardiana estuviera revelando su identidad y el propósito de su existencia:

«Soy y reconozco lo que soy.

Mis ojos representan la pureza de la conexión. Así, el tegoro representa la pureza y es para nosotros un recordatorio de cómo vivir y cómo observar el mundo.

Mi alma es dorada, con algunos otros toques. Y mi parte humana, esta es mi conexión hacia mi alma: mis ojos.

Esta es la conciencia que yo aprendí en este mundo.

Estos son mis portales que se me encomendaron y, así como está el mundo físico, está el mundo espiritual.

Yo soy la conexión.

Yo soy la guardiana de este portal y me rijo por los círculos dorados de las esferas que me toca resguardar.

Me conecto con amor.

Mis hijos en la Tierra son para ustedes. Van a regresar a mi corazón y abrir mi energía y abrir mis alas».

Uno de los elementos más significativos de esta pieza es la relación entre sus dos naturalezas: la humana y la espiritual. Sus ojos representan el vínculo que permite reconocer el alma, mientras que los círculos dorados hacen referencia a las esferas que le corresponde proteger.

La frase «Yo soy y reconozco lo que soy» adquiere así un significado especial. Es una declaración de identidad, pero también de conciencia: reconocer la propia esencia, comprender la función que se nos ha encomendado y aceptar nuestra conexión con aquello que trasciende lo visible.

El mensaje final revela una dimensión todavía más íntima. Cuando la guardiana habla de sus hijos en la Tierra y de su regreso a su corazón, aparece una relación de protección, pertenencia y amor que conecta ambos mundos.

Esta pieza nos recuerda que custodiar no significa poseer, sino proteger aquello que nos ha sido confiado. Que la verdadera conexión comienza con el reconocimiento de uno mismo y que incluso entre diferentes planos, el amor puede permanecer como un vínculo.

Una guardiana de los portales dorados que no busca reconocimiento, sino recordar quién es, de dónde proviene y cuál es la esencia que sostiene su misión.

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