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El portal de la vida
El poder femenino de dar origen a una nueva existencia.
En el principio de toda creación existe un portal. Un espacio sagrado donde la energía toma forma, donde lo invisible encuentra el camino hacia la materia y donde la vida comienza a manifestarse.
Este pectoral nos presenta dos representaciones que, aunque distintas, parecen formar parte de un mismo código. En una de sus caras encontramos una composición geométrica coronada por una estructura de triángulos que convergen hacia un punto central. Debajo, una esfera blanca ocupa el centro de varios círculos concéntricos, acompañada por una pequeña esfera rojiza. Una representación que, dentro de la interpretación de esta pieza, alude a la apertura de un portal y al nacimiento de una nueva forma de vida.
Al observar la otra cara, descubrimos la figura de un hombre sentado en posición de conexión con la tierra. Su rostro, de rasgos particulares, está acompañado por símbolos geométricos y formas ondulantes. Frente a él aparece una representación del maíz, elemento profundamente relacionado con el origen, la fertilidad y la continuidad de la vida en las antiguas culturas mesoamericanas.
Durante su canalización, Irving recibió una interpretación que relaciona ambas caras con el principio masculino y femenino, y con el proceso de manifestación de la vida.
Según el mensaje recibido, el código representado en esta pieza se encuentra impreso en el sistema reproductor femenino. El portal se abre en tres partes, permitiendo que una esfera llegue a este plano y se expanda. La figura femenina aparece entonces como una sacerdotisa, una portadora del poder creador que abre el portal mediante su conciencia y permite que nuevas esferas lleguen a nuestra realidad.
El hombre, por su parte, representa la conexión con la tierra, mientras que la mujer encarna la apertura del portal y la capacidad de dar origen a una nueva existencia.
Esta pieza nos habla de la complementariedad de dos fuerzas creadoras: una que sostiene y conecta, y otra que abre el espacio para que la vida se manifieste.
Por su significado, este amuleto está destinado simbólicamente a una mujer, especialmente a aquella que desea conectar con su poder femenino, su capacidad creadora y la conciencia de su propia naturaleza.
Un pectoral que nos invita a contemplar el misterio de la creación desde una perspectiva sagrada: la vida no aparece de la nada, atraviesa un portal, encuentra un espacio donde manifestarse y comienza un nuevo ciclo.
Porque dentro de lo femenino habita uno de los misterios más antiguos del universo: el poder de abrir el portal por donde llega la vida.