Angel De Luz

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$ 33,000.00
Sale price  $ 33,000.00 Regular price  $ 35,000.00
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Hay guardianes que protegen puertas, otros que custodian conocimientos y otros cuya misión es resguardar aquello que permite toda conexión: el corazón.

Este artefacto presenta, en una de sus caras, una figura central de grandes alas extendidas, rodeada de seres, formas geométricas y un ojo que se abre en la parte superior de la composición. Su cuerpo parece sostener una estructura semejante a una copa, mientras dos figuras permanecen a sus lados, como si acompañaran o custodiaran el acto de conexión. La disposición de los elementos conduce la mirada hacia el centro, donde la figura alada parece convertirse en un puente entre lo terrenal y aquello que se encuentra más allá de lo visible.

En el reverso, la imagen cambia. Dos seres se encuentran a los lados de una figura tendida, rodeada de numerosos trazos que irradian hacia el exterior. Por encima y por debajo de esta escena se extienden filas de símbolos, formando un lenguaje que enmarca la representación como si guardara su contexto, su memoria y su significado. Las dos caras parecen narrar momentos distintos de una misma historia: una presencia que custodia la conexión y un conocimiento que no puede comprenderse únicamente a través de la mirada.

Durante la canalización de Irving Carranco, el artefacto revela una identidad que transforma el sentido de sus imágenes. El mensaje comienza con una afirmación que atraviesa toda la pieza:

«Yo soy tú y tú eres yo».

El guardián no se presenta como una presencia completamente ajena al ser humano, sino como un reflejo de aquello que también puede existir dentro de cada persona. Su misión consiste en resguardar el corazón, el lugar simbólico donde se encuentra la conexión con el ser supremo. Así, la figura alada deja de ser solamente un personaje grabado en la superficie y se convierte en una imagen del ser que protege el vínculo entre la conciencia individual y una fuente de luz más amplia.

La copa que parece sostener en el centro adquiere entonces un significado especial. Su forma evoca un recipiente dispuesto a recibir y conservar aquello que desciende hacia él. Sobre esta estructura se encuentra el ojo, símbolo que recorre visualmente la composición y que, dentro de la narrativa de ARCANUM, representa la conexión y la conciencia. La copa y el ojo parecen encontrarse en un mismo eje: recibir la luz, sostener el vínculo y permitir que la conexión permanezca abierta.

Irving recibe también el mensaje de que este guardián fue mensajero de una gran nación de luz y que continúa poniéndose al servicio de otros seres mediante la apertura del corazón. Su tarea no consiste únicamente en custodiar, sino en enseñar a otros a reconocer esa conexión dentro de sí mismos. Es guardián y mensajero al mismo tiempo: protege el umbral y acompaña a quienes buscan regresar a él.

Las alas que se despliegan a ambos lados de su cuerpo refuerzan esta imagen de tránsito. Su amplitud parece envolver la figura central, como si la protegiera sin encerrarla. Los seres que aparecen a los costados completan la composición, creando una escena de acompañamiento en la que la conexión no sucede en soledad. Hay una presencia que guía, otras que observan y un centro hacia el que toda la imagen parece dirigirse.

En la canalización surge entonces otra revelación: «Yo soy las mil caras que representan a las humanidades, a las civilizaciones por las cuales me manifiesto y creo mundos que la gran luz me permite manifestar».

El guardián deja de pertenecer a una sola forma. Las múltiples caras representan, dentro de este mensaje, la diversidad de humanidades y civilizaciones a través de las cuales una misma conciencia puede expresarse. Cada rostro, cada mundo y cada manifestación serían distintas maneras de participar de una luz compartida.

Esta idea encuentra un eco en el reverso del artefacto, donde los símbolos se multiplican a lo largo de toda la superficie. No forman una única figura central, sino una extensa sucesión de signos que rodean la escena del ser tendido. La imagen parece sugerir que existe un lenguaje más amplio que cualquier representación individual, una trama de símbolos cuya comprensión no depende solamente de reconocer cada forma, sino de contemplar la relación entre todas ellas.

Durante la canalización, Irving recibe una indicación sobre la naturaleza de estos códigos: no se definen por la mente, sino que pueden experimentarse en el silencio. No se presentan como un texto que deba descifrarse de manera literal, sino como representaciones simbólicas cuya interpretación invita a una experiencia interior.

Por eso, el mensaje se convierte en una invitación a cerrar los ojos y escuchar de otra manera: no solamente con los oídos, sino con el corazón. A permitir que el silencio abra un espacio de contemplación, que la atención se aparte por un momento de la necesidad de explicar y que cada persona encuentre su propia relación con aquello que la pieza representa.

«Que la luz y la transformación iluminen a todo aquel que deambula en las penumbras de la oscuridad».

La frase parece envolver ambas caras del artefacto. En una, el guardián despliega sus alas alrededor de la copa y el ojo; en la otra, la figura luminosa permanece rodeada de seres y símbolos. La luz no aparece como un elemento aislado, sino como aquello que permite regresar a la conexión. La transformación comienza cuando el ser deja de buscar todas las respuestas fuera de sí mismo y se dispone a escuchar aquello que su propia experiencia interior puede revelar.

El corazón se convierte así en el verdadero centro de esta historia. No solamente como símbolo de afecto, sino como el lugar interior donde el guardián invita a reconocer la conexión con una conciencia mayor. Su misión es recordar, acompañar y enseñar; la del ser humano, detenerse, escuchar y abrirse a esa posibilidad.

El Guardián del Corazón representa el encuentro entre la protección y el servicio, entre las múltiples formas de existencia y la luz que las reúne. Sus alas evocan el acompañamiento, la copa simboliza la recepción y el ojo señala la conexión. En el reverso, los códigos recuerdan que no todo conocimiento necesita resolverse con palabras: algunas cosas invitan primero a ser contempladas.

Una pieza para quien encuentra en el silencio un espacio de búsqueda, en el corazón un camino de conexión y en los símbolos una invitación a recordar que aquello que parece distante también puede tener un reflejo dentro de nosotros.

Porque quizá el guardián que buscamos no siempre se encuentra al otro lado de una puerta. Quizá también vive en nosotros, esperando que aprendamos a escuchar.

Especificaciones 
ALTO 29.7 CM
ANCHO 20.5 CM
ESPESOR 1.3 CM
PESO 1.690 kG

 

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